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  La Compañía de María. Un proyecto de educación
 



 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fracaso y búsqueda
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Fe, Confianza, Fidelidad
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Relectura de su propia vida
 
 
 
 
 
Intuición de su misión
 
 
 
 
Para el mundo
 
 
 
Identidad en María
 
Detalle de Notre Dame du Berceau.
Bordeaux

 

   El relato

8 Es diciembre de 1603, la Compañía de María entra en la Historia. Este acontecimiento tiene como protagonista a una mujer, Juana de Lestonnac. A sus 47 años comienza su vida como novicia cisterciense en el monasterio de las Feuillantines de Toulouse. Austeridad, penitencia, vigilias, coro. Es demasiado para su salud y sucumbe. Una grave enfermedad, que hace peligrar su vida, lleva a sus superiores a tomar la decisión. Tiene que dejar el monasterio. Es de noche. Juana de Lestonnac ora, grita a Dios su fracaso:

"Señor Dios de infinita misericordia, consuelo de las almas afligidas, permitid a vuestra sierva que derrame toda la angustia de su corazón en vuestra presencia. ¿Tengo que salir de la casa a la que Vos mismo me habéis conducido?. ¿Tantas victorias conseguidas con el socorro de vuestra gracia, sobre mi familia, sobre el mundo, sobre mí misma, sólo han servido para sucumbir ahora bajo el peso de esta desgracia? ¿He pasado tantos trabajos hasta llegar a la tierra prometida solamente para verla, sin entrar en ella?. ¿Me he engañado, Dios mío, cuando he creído seguir vuestras órdenes, o tenéis otros designios sobre mí?. He escuchado a los guías que Vos me habéis dado, he seguido sus consejos, he tomado tiempo suficiente para aclararlos, habladme, Vos mismo, Señor. Vos podéis en un momento orientar mis pensamientos y mis pasos por la vía por la que Vos me (fuereis. Si estuviera segura de (fue fue vuestra mano la que me condujo a este lugar y ahora me saca de él, me consolaría. Pero si me he hecho indigna de permanecer en él por mis infidelidades, estoy dispuesta a repararlas con mi penitencia. Os habéis alejado de mí, principio de mi vida y de mi dicha, Vos que hasta ahora me habéis socorrido en todas mis necesidades. Y si salgo de esta casa, ¿a dónde iré a buscaros?. Decidme dónde estáis y allí volaré sin descanso. No he podido unirme a Vos en mi juventud por los desórdenes de la herejía, no he podido después poseeros completamente en la pompa del siglo, ¡qué asombro, qué aflicción para mi no encontraros tampoco en la soledad!. Permaneced al menos en mi corazón, único y amable objeto de mi esperanza, permaneced ahí y hacedme oír vuestra voz.

Y si salgo de esta casa que sea sin abandonaros jamás. Vos no os alejáis nunca de los que sinceramente os buscan, no podéis despreciar un corazón afligido y humillado. El seno de vuestra misericordia está siempre dispuesto a abrirse a nuestras súplicas y a nuestra confianza. Hablad, Señor, Que vuestra sierva escucha"
(Historia de la Orden, pgs 62-63)

9 La angustia, la duda, el posible engaño, la frustración, la falta de sentido, la humillación, la pérdida de Dios mismo son densas tinieblas que cierran el horizonte.

10 Comienza a hacer MEMORIA, a releer la vida, a recoger su propia historia. era verdad; en tiempo de juventud el Espíritu había venido en su ayuda. El "no dejes apagar la llama..." (H.O. pg 47) que había sentido fuertemente en su interior en la adolescencia se le hace fuerza y luz en la oscuridad. Apoyada en la experiencia sigue orando su noche.

11 Se va haciendo luz. Es cada vez más intensa. Entiende que en aquel fracaso hay sentido para otros, para Dios y para sí misma. Su espítiu va cobrando fuerza en la debilidad. siente que Dios la necesita para ayudar a las jóvenes en peliro. "Comprendió que era ella quien tenía que tenderles la mano" (H.O. pg 63)

12 Dios acaba de crear en Juana de Lestonnac, la célula vital Compañía de María. La mujer que había querido perderse en el "sólo para Dios", se sentía inmersa en un mundo roto, dividido, en peligro.

13 Pasó la noche. Paso pascual de las tinieblas a la luz, de la merte a la vida, de la duda a la seguridad, de la experiencia del fracsao al sentido, de la angustia a la esperanza. la propia imagen rota se hacía unidad en un nombre nuevo: María. Ella, en la oscuridad de otra noche, había dado a luz a su Hijo, luz del mundo. Ahora engendraba para la Iglesia, en Juana de Lestonnac, el don de su Compañía.

 

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