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  CELEBRAR 400 AÑOS DE HISTORIA (1607-2007 )
  Beatriz Acosta Mesa odn.
Roma, 12 de Septiembre de 2005
 

 






 

 

 

 

Sello USA

 

 

Inauguración Vigo

 

“Ese día, explicarás a tu hijo:
Esto es por lo que Yahvé hizo por mí”
Ex 13,8

Celebrar es un acto plenamente humano que nos remite a la pregunta por el sentido de la vida y de la historia y nos habla de futuro y de esperanza. Por esta razón, cuando nos preparamos para conmemorar los 400 años de aprobación de la Orden de la Compañía de María Nuestra Señora por el Papa Paulo V, nos surgen espontáneamente varias cuestiones:

  • ¿Qué sentido tiene en nuestro mundo una comunidad religiosa que vive como María, armonizando contemplación y acción y dedicada a la tarea educativa?
  • ¿Dónde radica la fortaleza de una institución y de un carisma que han permanecido vivos durante 4 siglos?
  • ¿Qué dinamismos internos lo han posibilitado? Cuál ha sido su aportación a la construcción de un mundo más humano y digno?
  • ¿Qué ha aprendido en ese diálogo con las culturas, con los hombres y mujeres de cada tiempo?
  • ¿Hacia dónde orientar los esfuerzos para hacer posible otros 400 años de historia?
No pretendo agotar todas las respuestas; comparto lo que me surge desde el corazón e invito a otras y otros a responder las mismas cuestiones u otras que surjan al detenerse a pensar en el misterio de la vida, del tiempo, de Dios… al detenerse en el misterio de una Compañía que hunde sus raíces en la Francia del siglo XVII y que hoy extiende su acción a cuatro continentes.

Parto de la convicción de que Dios actúa en la historia y hace su obra en medio de las posibilidades y limitaciones humanas. La existencia de la Compañía no tiene otra explicación que la de ser una obra querida por Dios y por María Nuestra Señora. Desde sus orígenes, Juana de Lestonnac tenía esta convicción y fue la que la sostuvo siempre ante las dificultades que se le presentaban. Es esta certeza la que nos anima hoy a seguir con toda diligencia, en la Iglesia, construyendo Reino. La Compañía de María se entiende desde la fe, esa actitud que nos hace intuir la presencia de OTRO, mayor que nosotras, que da sentido a nuestra realidad y nos llena de energía creadora para ser entregada desde la única fuerza que mueve verdaderamente la historia, la del amor.

La mirada de fe y el discernimiento de los signos, nos han posibilitado encontrar en la educación, la respuesta más adecuada a las necesidades de cada momento histórico. Ayudar a cada persona a valorarse como tal, a sentirse con una misión significativa en el mundo, a comprobar la trascendencia de sus acciones cotidianas y la capacidad transformadora de su presencia y de sus opciones, ha sido y es una tarea plena de sentido, que contribuye a la formación de un mundo con corazón y entrañas de misericordia.

El dinamismo que conlleva esta misión educativa: escucha, diálogo, visión optimista del mundo, interés por las manifestaciones culturales, junto con la flexibilidad y la disposición para el cambio, nos ha mantenido en actitud de apertura a los hombres y mujeres de cada tiempo para buscar con ellos respuestas válidas a las necesidades concretas de los diferentes contextos.

Podría afirmar que la fortaleza de la Compañía de María ha sido la responsabilidad y seriedad con la que ha vivido la misión confiada y el espíritu de discernimiento para buscar y hallar el querer de Dios en cada etapa de su historia, atreviéndose, como lo hizo en su tiempo Juana de Lestonnac, a abrir caminos nuevos y a arriesgar seguridades y prestigio.

En este transitar por la historia, hemos aprendido a caminar con otros y otras con quienes, aunque no compartamos en algunos casos la fe, nos une la misma pasión por lo humano y la misma opción por los empobrecidos de esta tierra. Hemos aprendido que lo fundamental no son las grandes obras, sino el acompañar, en sencillez y cercanía a cada persona, a cada grupo, para que desde su realidad concreta sean “buena noticia” para el mundo. Hombres y mujeres que como Jesús, “pasen haciendo el bien” y contribuyan a la formación de una sociedad nueva.

Como Religiosas de la Compañía queremos seguir siendo esas mujeres de fe, mujeres de ojos abiertos, portadoras de sentido y esperanza. Queremos continuar orientando nuestros esfuerzos hacia la construcción de lo humano en todas sus dimensiones, comprometiéndonos en la transformación de las situaciones que impiden vivir con dignidad y gozar de los derechos y deberes fundamentales como personas y como pueblos.

Seguir educando, y con preferencia a la juventud de hoy, es nuestro compromiso y apuesta de futuro.
Desde estos deseos y sentimientos nos disponemos a vivir gozosamente este cuarto
centenario con todas y todos los que compartimos la misión, la amistad y las búsquedas.


Beatriz Acosta Mesa odn.
Roma, 12 de Septiembre de 2005

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